...quedan en mi escritorio, mantienen vigencia, ideas y planteamientos que marcan camino...
sábado, 9 de marzo de 2019
Informe Preliminar OEA, sobre crisis en Venezuela
sábado, 19 de agosto de 2017
Ayudar a Venezuela - Fabio Vio Ugarte
Ayudar a Venezuela
Señor Director:
La reciente medida adoptada por la ilegítima Asamblea Constituyente de Venezuela de disolver el Parlamento de su país es el acto final de un proceso dictatorial brutal e inaceptable. Esto, unido al aumento de la represión y detención de políticos de oposición, hace imprescindible una condena clara y una acción fuerte de la diplomacia chilena.
Es el momento quizás más delicado que ha vivido el pueblo venezolano y que necesita el apoyo decidido de Chile. Estamos conscientes de la presión moderadora que el PC ejerce dentro de la coalición de gobierno y con la cual cuenta el régimen de Maduro, pero la fuerza de la tradición libertaria y de respeto a los principios democráticos y republicanos de nuestra política exterior debe superar esa interferencia negativa y acudir, junto a los otros países democráticos de la región, en ayuda de nuestros amigos venezolanos.
Fabio Vio Ugarte
Ex embajador de Chile en Venezuela
domingo, 25 de junio de 2017
Venezuela : El Gobierno de Transición // Luis Ugalde
El Gobierno de Transición // Luis Ugalde
Todo gobierno medianamente democrático si llega a una deslegitimación y fracaso parecidos a los de Maduro, renuncia y convoca a elecciones. La Constitución venezolana para situaciones similares prevé el referendo para revocar al Presidente antes de su término. Maduro tramposamente lo impidió; luego anuló la Asamblea Nacional y aplazó las elecciones regionales; ahora pretende eliminar la Constitución con una “constituyente” no convocada por el único que lo puede hacer, el pueblo. Es una locura pensar que la actual desesperación, deba y pueda prolongarse hasta fines de 2018. El creciente sufrimiento de la gente pide a gritos cambio ya: cambio de presidente y de régimen, con decisiones inmediatas para no seguir muriendo en la calle con la brutal represión o por hambre y falta de medicinas, a causa de la corrupción e ineptitud gubernamentales.
El Ejecutivo se ha convertido en verdugo del pueblo y se ha vuelto tiránico. Cambio ya para rescatar la Constitución y emprender de inmediato el camino de la reconstrucción, evitando más muertes y miseria. Para salir de este régimen sin esperanza hace falta cuanto antes un gobierno nacional de transición que tome de modo excepcional medidas de emergencia y convoque elecciones democráticas, previo saneamiento con remoción de los ilegales magistrados del TSJ y de los miembros serviles del CNE. Urge hablar públicamente para madurar un gobierno de transición saliendo del actual Ejecutivo deslegitimado.
Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas. Antes necesitamos atender con apoyo internacional a la creciente emergencia humanitaria propia de una postguerra, sacar a todos los presos políticos, abrir el regreso de los exiliados, convocar a los empresarios a la activación de la emergencia productiva y atraer a los inversionistas con un nuevo espíritu democrático, libre iniciativa y garantías jurídicas. Urgen el refinanciamiento de la deuda y multimillonarios préstamos económicos para insumos productivos y para necesidades vitales de consumo. Nada de esto podría conseguir una nueva dictadura militar y tampoco un frágil ganador de elecciones partidistas con todos los demás (chavistas o no) en la oposición.
Es necesario un gobierno de transición con metas claras y tareas concretas, con amplio apoyo nacional por encima de parcelas partidistas. Un gobierno que incluya a opositores y chavistas, unidos en un esfuerzo de salvación nacional. Tal vez hace un año el gobierno de Maduro hubiera podido abrir este camino, pero ahora es imposible. El gobierno de transición debe fijar fecha de elecciones libres antes de un año, con condiciones democráticas y transparencia. Mientras ese gobierno responde a la población con medidas urgentes, los diversos grupos políticos y sociales deben llegar antes de las elecciones a una especie de Pacto de Gobernabilidad, con el compromiso de reconocer y apoyar a quien gane la Presidencia. Pacto con un programa básico de salvación nacional y de reconstrucción, de no menos de 10 años, apoyado por gobernantes y opositores democráticos. Todo ello imposible sin un gran apoyo internacional político, económico y humanitario.
Entramos derrotados a la modernidad del siglo XXI y a la superación de la pobreza. Ahora tenemos que subir una escarpada alta montaña de reconstrucción y no pensar ilusamente que con salir de este gobierno la tarea está hecha. Pero antes de empezar la subida enfrentamos un bloqueo dictatorial que impide avanzar. Quitar ese obstáculo es condición indispensable para seguir, pero, por terquedad de un régimen corrupto y sin esperanza se nos van en ello vidas, tiempo y energía, cuando urge desarrollar negociaciones e imaginación constructiva. La atención debe centrarse en la difícil subida de mañana y los requisitos para coronarla con éxito. Sin dejar la actual protesta de calle (acción decisiva para desbloquear los caminos constitucionales) debemos simultáneamente empezar a formar un gobierno de transición con hombres y mujeres de diversa procedencia pero unidos con claridad programática y decididos a no prolongarse más allá de los meses de transición emergente.
Un Gobierno de Transición, con todas las de la ley, con una Fuerza Armada decididamente democrática y defensora de la Constitución. Basarnos en la Constitución y en lo que nos queda de instituciones legítimas; en primer lugar la Asamblea Nacional en alianza con el pueblo sufriente alzado y con la Fiscal convertida en defensora de la democracia y unidos en el rescate del CNE y TSJ. La Fuerza Armada está obligada e invitada a asumir su responsabilidad constitucional y democrática en la difícil reconstrucción del país, con lo que recuperará los perdidos reconocimiento y afecto del pueblo. La alegría de Venezuela será inmensa cuando veamos aparecer un Gobierno de Transición realmente plural, de gente honrada e inteligente unida en un programa político de interés superior: la salvación del país. Cuanto más se haga esperar, más grave y dolorosa se volverá la actual agonía. Maduro usted, al cerrar los caminos de cambio, se convirtió en el eje de un régimen que tortura a Venezuela y ahora quiere perpetuarlo con el fraude de la Asamblea Constituyente.
Renuncie y quite el bloqueo que impide el inicio del ascenso a la montaña de la reconstrucción democrática con rescate de la esperanza y de la unidad nacional.
lunes, 22 de mayo de 2017
Maduro Inmaduro - Martin Bruggendieck
El Libero
“El Paraíso Terrenal… yo tengo muy asentado en mi ánimo que donde dije, en Tierra de Gracia, allá es donde se halla”. Con estas palabras el Gran Almirante don Cristóbal Colón dio noticia en 1498 a los Reyes Católicos de España acerca del descubrimiento del delta del Orinoco y el golfo de Paria en el transcurso de su tercer periplo por el Caribe, ocasión en que por primera vez tocó las costas del continente sudamericano propiamente tal. Tres siglos después y con no menor entusiasmo, el naturalista Alexander v. Humboldt dedicaría parte importante de las descripciones y observaciones correspondientes a la primera etapa de su excursión por tierras sudamericanas a los paradisíacos parajes que conoció apenas tocara las costas continentales, aquellas de la hoy República Bolivariana de Venezuela.
En 1528 el rey Carlos I de España extendió la llamada Capitulación de Madrid, que permitía arrendar temporalmente parte de la Provincia de Venezuela a las casas bancarias y de inversiones alemanas Fugger y Welser, lo que dio paso a la creación del “klein Venedig”, la pequeña Venecia, nombre surgido de la observación por parte de los alemanes de los conglomerados de palafitos que habitaban los aborígenes cerca de la desembocadura del Orinoco.
Esta encantadora nueva Venecia parecería indigna de los sufrimientos que ha debido sobrellevar a lo largo de su historia, bastante similar, con los debidos matices, a casi todas las nuevas naciones que surgieron del abandono definitivo de América por los españoles.
Venezuela vive hoy uno de esos capítulos político-históricos que hacen dudar de la cordura humana. La persistente y fanática negación de los derechos civiles y ¡humanos! por parte del Presidente Nicolás Maduro, sus mañas para apernarse al poder, sus desvaríos ideológicos, su falta de pensamiento propio, su inconsecuencia frente a los propios partidarios del “chavismo” y, claro, su sangrienta represión de las manifestaciones opositoras son algunos de los hechos que constituyen síntomas suficientes para aseverar que la República Bolivariana está sumida en una crisis de alcance impredecible. Dichos síntomas tienen en vilo a millones de latinoamericanos, europeos, norteamericanos y neo-marxistas, tanto ortodoxos como gramscianos del orbe, todos pendientes de si la ruleta venezolana desfondará de una vez la banca madurista, o si el país podrá finalmente avanzar hacia una democratización profunda y verdadera. Cabe decir que la disyuntiva está bajo el microscopio de los políticos del orbe, tanto de los totalitaristas como de aquellos que creen en los valores esenciales de una forma de organización política que propende a generar la convivencia nacional e internacional en paz y con progreso.
Venezuela es un país potencialmente riquísimo: posee las mayores reservas mundiales de petróleo, una ganadería desarrollada en las grandes planicies o sabanas, sorprendente en sus alcances, especialmente por su producción de ganado de pastoreo, algo amenazado a nivel mundial. Sus reservas del “commoditie” son inmensas y hasta hace unos años su población multirracial trabajaba en pos del progreso individual y social.
Hoy, duele Venezuela -para dar espacio a un lugar común pero siempre sugerente. Las manifestaciones callejeras de los opositores democráticos contra un Presidente que usurpó el poder al morir Hugo Chávez crecen día a día. Su encumbramiento tras la muerte de su maestro Chávez mereció dudas de comienzo, pues en el marco de la Constitución chavista de 1999, el legítimo sucesor del mandatario “bolivariano” debió ser el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Las sombrías raíces del madurismo, por si existe algo semejante, arraigan directamente en la ideología de Hugo Chávez, el verdadero instaurador de un indigesto cóctel de fascismo, populismo y marxismo “revisionista”, hoy apodado chavismo.
Venezuela, como tantos países “en vías de desarrollo”, ha sufrido de permanente inestabilidad política, del ir y venir entre el orden dictatorial, las inclemencias del caudillismo y con algunos períodos de encomiable democracia y estabilidad económica. Chávez, oficial de las fuerzas armadas de Venezuela, pretendió un golpe militar que fue abortado y que le costó un tiempo tras las rejas, aunque pronto surgió para él un impetuoso apoyo que permitió su liberación. En 1999 ganó las elecciones presidenciales y se estableció como la gran esperanza para el llamado mundo progre. Innegable su carisma, pero Hitler también llegó al poder por vía de elecciones democráticas libres y no le faltó el carisma de Satanás.
El problema de fondo del caso Maduro es que el verdadero auspiciador de su brutalidad fue Chávez, quien pocos meses antes de su muerte dejó establecido que Nicolás Maduro debía ser su reemplazante.
¿Y quién es Maduro? Un self-made man es mucho decir. Nació en pobreza, no concluyó su escolaridad, condujo autobuses por espacio de siete años y luego se cegó con la simpatía que le demostraba Chávez. Fue uno de los impulsores de la campaña de liberación del ex militar cuando éste permanecía preso. Y Maduro haría carrera a la sombra de Chávez. Como Stalin y Jrushchow a la sombra de Lenin. La brutalidad es un estimulante común de los déspotas. Y la brutal represión que hoy se ejerce contra los venezolanos da testimonio suficiente de su pensamiento “básico”, a pesar de todas las argucias chavistas para evitar la “intromisión” de los medios de comunicación mundiales, que día a día van desmenuzando lo que ocurre y se hacen eco de los luctuosos sucesos acaecidos en Venezuela.
No pretenderé aquí reiterar los datos más recientes, pues todavía hacen primeras planas y apuntan a una creciente viscosidad de la situación. Los ataques maduristas contra la Asamblea Nacional, la prensa y la empresa privada, la pauperización de una ciudadanía sufriente, las frustradas esperanzas de los presos políticos y las disquisiciones de los organismos internacionales nos llegan cada mañana con el desayuno.
La momentánea conclusión respecto de la oscilante situación es que el virtual dictador venezolano suele dar cinco pasos adelante para luego y titubeando, dar sólo uno para atrás. ¿Asombrarnos cada mañana? No, la desgracia ajena en nuestras pantallas pronto es reprimida por nuestro racionalismo para hacer del olvido alivio. Son pocos los chilenos que recuerdan a cabalidad lo acontecido en Chile en los albores de los 1970. O en Argentina bajo Perón y su arrogante pseudo fascismo. No hablaré de Cuba, pues da urticaria. Regímenes de “democracia popular” acuñan su sello personal y acaban convirtiéndose en monarquías absolutas y heredables. En Venezuela se pone una vez más en escena el peligroso rito de instauración del personalismo totalitario, fatalidad que de tiempo en tiempo afecta a países diversos, quienes en consecuencia derivan hacia las antípodas del régimen democrático representativo, que si bien inestable en sí, siempre es perfeccionable. Y en esto último reside su gran ventaja, aunque también su debilidad. Las democracias occidentales no han incorporado en su mayoría un principio fundamental: “No abrirás las puertas a los enemigos de la democracia”, a menudo ocultos tras el babero de reivindicaciones juveniles o las barbas ideológicas de carácter prehistórico.
Lo más descabellado del drama venezolano parece ser que en la actual constitución de la República Bolivariana, primero redactada por una asamblea constituyente y después aprobada en el referéndum constitucional de 1999, afirma que la República Bolivariana de Venezuela se constituye como un estado social y democrático de derecho y de justicia, que sostiene como valores un estado socialista, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia y la responsabilidad social, además de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.
La actual situación venezolana exhibe una gravedad que amenaza con arrastrar al país a un punto sin retorno. Hasta ahora han sido pocas las voces que se han escuchado con fuerza en el mundo. Casi todos hacen como si no pasara nada. La OEA, la ONU, naciones democráticas supuestamente garantes de la libertad -como Estados Unidos- e incluso altas instancias de la Iglesia Católica, como el CELAM, no parecen querer ir más allá de una intervención simbólica, aunque paso a paso se observa una mayor disposición a tomar cartas en el asunto. Sólo muy recientemente ha puesto Washington alguna atención en Caracas, lo que se espera amplíe el rango de las protestas, cuya represión será explicada como “herramientas del imperialismo”. El flaco favor que con sus acciones acotadas hizo a la comunidad latinoamericana el ex Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, de reconocida trayectoria socialista, al someterse al dictat de poner paños fríos a lo explosivo, ha sido medianamente contrarrestado por el actual, Luis Almagro, quien sí ha formulado llamados y ha alentado la acción de los gobiernos del continente para frenar a Maduro. Pero, éste no es un hombre que se amilana ante “llamados” y “sanciones”. Sencillamente dio otro paso adelante y desvinculó a Venezuela de la OEA. Al menos formalmente. Pronto volvió a titubear.
Para tomar nota de otra arista de la situación venezolana debemos resaltar el hecho de que la “república bolivariana” no ha podido hacer frente a la histórica media de 18 mil asesinatos anuales en el país, la segunda tasa más elevada del planeta, factor no despreciable en relación a la sangrienta represión madurista que ya ha costado la vida a unos cuarenta opositores. “País caliente” se dice. Claro, aún más caliente cuando se despliegan sobre los techos aledaños a las calles por donde se desplazan los manifestantes a francotiradores que se afanan en incrementar la mortal tasa, o cuando las fuerzas de seguridad y los “colectivos bolivarianos” golpean a matar a mujeres y adolescentes. ¡Matar es sencillo, llevar la vida a buen destino, difícil, compañero Maduro!
Hubo en el pasado un caso notable que justificó la llamada “injerencia humanitaria” para impulsar a las naciones a una intervención: Somalia. Venezuela no está lejos de una “crisis humanitaria” de alto voltaje y tan sólo el hecho de que con el dinero del petróleo se estén comprando voluntades y silencios fuera de Venezuela y que el régimen sea “progre” explica la actitud cómplice de parte de naciones latinoamericanas de orientación filo-marxista. ¿Qué dirían los medios de comunicación y los líderes políticos y religiosos del mundo si esto pasara bajo un dictador de derecha? En esto, como en tantas otras cosas, ser de izquierdas -moderadas o radicales- da una especie de vamos a la arbitrariedad y el matonaje. Más grave aún es que en Venezuela hay millones de personas que viven sin seguridad, sin alimentos y sin garantías constitucionales, dependiendo de la arbitrariedad de una dictadura todavía embrionaria que lenta y “prudentemente” va revelando su objetivo totalitario. “Venezuela muy pronto puede ser peor que Siria”. Así estiman observadores y analistas europeos. ¿Cuánto tardará la ciudadanía venezolana en exhortar directamente a los países vecinos?
Ahora, veamos cómo las ideas del chavismo ya no sólo sirven de ejemplo para lugares como Nicaragua, Ecuador o Bolivia, sino que se están exportando a Europa. Y no es broma: los movimientos inspirados en el chavismo ya se han posicionado como la tercera fuerza electoral en España y Francia nada de poca cosa.
La espuria solución de Maduro a su drama individual y al colectivo es la cada vez más popular receta mágica para los dolores del socialismo latinoamericano: Asamblea Constituyente… para “refundarlo todo”. ¿Le suena conocido? Es que la receta simple, pero grandilocuente, de convocar a las masas a un proceso refundacional ya no reconoce fronteras. En el plano más inmediato, Maduro ha amenazado con repartir medio millón de fusiles a las milicias bolivarianas o “colectivos”, con objeto de sacar adelante su “revolución”.
La República Bovariana se aproxima a su desquiciamiento histórico. Pero éste no puede ser bien comprendido sin hablar de los esfuerzos realizados a favor o en contra de Maduro. Luisa Marvelia Ortega Díaz (59), amén de ser chavista a ultranza, se ha posicionado como uno de los rostros más conocidos del gobierno de Maduro hecho que se debe principalmente por ser la Fiscal General de la República, que envió tras rejas a Leopoldo López, líder de la oposición, pero que sorprendentemente rechazó la finta madurista de eliminar la Asamblea Nacional y “entregar” el poder a los tribunales, dominados por el madurismo. En Venezuela hay una soterrada lucha entre los poderes del estado. Tras la exigencia del parlamento de defenestrar de sus cargos a un número de integrantes del tribunal constitucional, el gobierno socialista acusó a la mayoría parlamentaria de oposición de intentar un “golpe de estado”. Maduro: “Enfrentamos un desquiciado ataque de la oligarquía y del imperialismo”. Soberbia mezcla de socialismo a la antigua y populismo desfachatado. Claro que al hablar de “populismo” se entra en un terreno fangoso. Pues en determinada situación puede hablarse de populismo neto, y en otra de demagogia pura. Ahora bien, tampoco faltan ingredientes puramente fascistas –no hitleristas- contando entonces con una gran variedad de recursos y métodos. Por otra parte, sobran razones para considerar que este neofascismo y el nacionalismo a ultranza siempre han cultivado lazos con la izquierda política, constituyéndose en una variante chovinista del socialismo de estado, v. gr. bolivarianismo, peronismo, chavismo, con sus programas económicos colectivistas, su proteccionismo, sus nacionalizaciones y su narrativa política. Dato de antología al respecto: está documentado que V. I. Ulianov, alias Lenin, se inspiró en los principios fascistas que esgrimían algunos feroces partidarios de la Rusia zarista en lo referente a la estructura de su estado totalitario. Todo es un solo pastiche en esta aldea global, síntoma de los grandes cambios paradigmáticos que vivimos sin mucho darnos cuenta.
El patético y regresivo estilo de conducción del actual mandatario de Venezuela destaca tan poderosamente en el mapamundi como el de su “colega” Kim, en Corea del Norte, tan inmaduro que el Presidente estadounidense Donald Trump, aparte de ofrecerle un acercamiento personal, lo tildó de jovencito inexperto (tiene 27 mal llevados años). Hay también implicancias e inserción de la corriente política venezolana en el vasto abanico global, constituyendo sin duda uno más de los “hot spots” mundiales actuales, junto con la violencia que nuevamente amenaza a Colombia y a la América central, los siniestros atentados del extremismo musulmán, las vergonzosas corrupciones y malversaciones en todo el orbe, la incapacidad de los políticos de mirar más allá de sus calculadoras y toda la pandemia de desaciertos que parecen regir el mundo global, factores todos que obligan a recordar la Europa de los años 30 del siglo recién pasado. Muchos hablan hoy de la carencia de líderes genuinos. Porque, dígame usted, ¿cuántos estadistas se perfilan en su conciencia cotidiana? Bastan los dedos de una mano, si es que no sobran.
Los torpes carraspeos egocéntricos de personajes no nacidos para gobernar suelen atribuirse al subdesarrollo político, económico y social de sus países, lo que indefectiblemente conduciría al voluntarismo dictatorial. Esta suerte de individuos desconoce por completo la realidad más profunda de la democracia, tal como surgió en Occidente. Y Nicolás Maduro no ha madurado como para darse cuenta de que no puede moverse como un elefante aprisionado en una cristalería (por demás, bien defendido por su eterno chaleco antibalas), sino que debe alcanzar un desarrollo personal que le permita comprender los acontecimientos y las transformaciones reales que ocurren a nivel global.
Históricamente, cuando no hay nada o muy poco que repartir, las naciones se ven tentadas por los infaltables flautistas de Hamelin, desconociendo que hay que invertir y hacer producir ese poco para sumarse al coro de los países dignos y libres. Otra señal característica es que se niega toda probidad y derecho de ejercer la política a quienes han logrado fortuna, síntoma característico del ideario marxista gramsciano y castrista (fenómenos cuyo paralelismo valdría explorar).
El problema con el escenario venezolano es que cuando sus principales actores optaron por “bajar” el libreto de Hugo Chávez, la utopía bolivariana cayó hecha añicos, pues bien sabemos que cuando la realidad supera a la fantasía se acaba la izquierda, como bien sabemos en Chile y debería aprender Maduro. Hablar abiertamente de V. I. Ulianov (Lenin) no parece ya decoroso, pero sus tácticas decimonónicas siguen aquerenciadas en nuestra América latina. El arte de la deconstrucción sistemática del sistema democrático representativo y de la economía de mercado es un sino de las izquierdas, tanto de las duras como de las solapadas.
Y ya que de historia hablamos, hablemos de los “hard facts”: Nicolás Maduro fue juramentado como presidente de la República Bolivariana en reemplazo de Chávez tras fallecer éste. Fue ratificado por la Asamblea Nacional, no obstante que según el artículo 233 de la Constitución chavista aquello era inconstitucional. Teniendo a su favor toda la maquinaria chavista, logró reelegirse en 2013. El 9 de septiembre del mismo año fue presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la impugnación de las elecciones debido a un supuesto y engañoso recuento de los votos. Transcurrió apenas un día para que Maduro hiciera efectiva la salida de Venezuela de dicho mecanismo. ¿Cuál fue el trasfondo de esta situación? Las elecciones presidenciales de Venezuela se desarrollaron el 14 de abril del 2013. En ellas se emitieron 14 988 563 votos válidos, distribuidos de la siguiente manera: Nicolás Maduro Moros obtuvo 7 587 532 (el 50,61 %) y Henrique Capriles Radonski, 7 363 264 (el 49,1 %). La conflictividad política de 2013 por los resultados de la elección presidencial desencadenó las manifestaciones venezolanas de 2014, a las que se sumó un deterioro marcado de la economía, un aumento sostenido de los índices de criminalidad a nivel nacional y denuncias de corrupción en organismos públicos.
Ahora bien, Maduro hace preguntarse por la verdadera ideología de Chávez, tildado por uno de sus discípulos como “el mayor humanista de la historia”. ¿Comunismo caudillista, con una careta mesiánica? Latinoamérica estuvo por décadas presa de la ideología que emanaba y sigue emanando de la trágica Cuba, altar de las ilusiones y del supuesto paraíso que construirían Fidel y el Ché Guevara, y que a ojos vista llegó a parecerse más al Gúlag que al Edén de las libertades. Chávez nunca fue un niño de pecho. Era un utopista rendido al caudillismo y al tropicalismo político. Chávez fue un populo-fascista-marxista-chovinista. Podríamos aventurar que Maduro es una creación leninista de Chávez: ¡El poder a como sea! Las actuales resquebrajaduras al interior del chavismo, observadas con detenimiento por los analistas de la escena internacional, parecen nacer del intento madurista de salir adelante con un populo-marxismo-castrista. Pero le falta el brillo, la capacidad de convencer, la labia característica de Hugo Chávez. Además, sueña con extender el socialismo bolivariano a todo el continente hispanoamericano; ya hay países donde va sentando sus raíces. Con todo, Maduro sólo se parece cada día más a Kim, quien preside un país tras haber heredado en cargo de su padre.
Los populismos latinoamericanos vienen de larga data. El número de caudillos y de dictadores son virtualmente incontables en la historia de las naciones sudamericanas. Chile se ha salvado hasta hoy de contraer semejante mal. Pero nunca se ha analizado lo bastante cuál es la plataforma que sostiene a estos regímenes. El “peronismo” socavó el bienestar y la riqueza de la Argentina. El alma de los “descamisados” siguió su curso, proyectándose como el fatal sino de la vecina república. Tal vez Castro y su hermano hayan obedecido a una categoría diferente, pues accedieron al poder tras vencer en una guerra de guerrillas. Muchos de los otros llegaron forzados por intereses comerciales extranjeros y un gran número de ellos fueron elegidos democráticamente para acto seguido renegar de la democracia bien entendida. Pero junto al chavismo destaca otro engendro populista: el “kirchnerismo”. Hace unas semanas se viralizó en Internet la afirmación de una buena ama de casa bonaerense: “Cristina [viuda del “peronista” Kirchner y fundador del “kichnerismo”] robaba, pero teníamos para comer, hoy tenemos que laburar”. La increíble frase que encierra el largo drama argentino explica muchas cosas, muchas actitudes y una tremenda inmadurez cívica. ¿Perdurarán esas voces?
Martín Bruggendieck es filósofo de la cultura, escritor y traductor.
jueves, 27 de abril de 2017
Abrazar Venezuela desde Chile - Christian Warnken
Abrazar Venezuela desde Chile
Las imágenes que nos llegan desde Caracas mostrando esas multitudinarias y heroicas manifestaciones del sufriente pueblo venezolano no debieran dejarnos indiferentes.
Venezuela fue un refugio cálido y generoso con muchos exiliados chilenos en tiempos difíciles. He escuchado el testimonio de algunos de ellos y todos coinciden en recordar el afecto y la solidaridad del pueblo venezolano con los chilenos de la diáspora de la dictadura. Entre ellos el poeta Gonzalo Rojas, que vivió en un departamento de la calle Turpial, en Caracas, que le da título a uno de sus poemas: "Turpial A 6-B". "Tengo de Venezuela los más bellos recuerdos. Nunca olvido que llegué allí desde una Alemania muy sombría (Alemania Oriental)... Fui acogido por mis grandes amigos. Viví feliz en Venezuela y trabajé mucho", recuerda el niño-viejo de Lebu del sur de Chile que volvió a florecer en ese pedazo del Caribe.
Hoy día nos toca a nosotros abrir los brazos a ese pueblo desbordante de energía, que está cruzando hoy su propio infierno, su noche oscura de la historia. No hay que olvidar que hasta este extremo sur del planeta llegó en el siglo XIX un venezolano ilustre, Andrés Bello, huyendo de una de esas turbulencias que cada cierto tiempo hunden a nuestra América Latina en el extravío. El trauma del caos político y social vivido por su generación despertó en él una "pasión por el orden" que de alguna manera heredamos de él y que nos dio décadas de estabilidad. A él le debemos todo: el Código Civil, la creación de la Universidad de Chile y las semillas de una cultura humanista, en un país que entonces era una aldea y en un cierto sentido un páramo.
Uno de nuestros padres de la patria es, entonces, un venezolano. A lo mejor muchos nuevos Andrés Bellos están llegando entre los miles de venezolanos que hoy se están domiciliando en Chile. Tenemos que conversar mucho con ellos (y con los cubanos, haitianos, colombianos), saber mirarnos en la diferencia y la complementariedad y enseñarnos unos a otros lo que nos falta.
Me alegro cuando escucho el acento venezolano en la calle o en el metro. El otro día degusté una "marquesa", la mítica torta de chocolate venezolana, en un café de venezolanos en Providencia. Cerré los ojos, y la "marquesa" fue mi "Madeleine" de un país que me gustaría conocer más, un país de dos rostros: uno violento, el otro muy dulce.
Los países no solo son países, sino también estados de ánimo y sensaciones. Sería interesante que los inmigrantes dijeran qué perciben y qué "degustan" de nosotros. Andrés Bello, en una carta escrita a un amigo, decía de Chile: "El país hasta ahora me gusta, aunque lo encuentro algo inferior a su reputación, sobre todo en cuanto a bellezas naturales. Echo de menos nuestra rica y pintoresca vegetación (...) y aún algo de la civilización intelectual de Caracas, en la época dichosa que precedió a la revolución. (...) En recompensa, se disfruta aquí de verdadera libertad, el país prospera (...) las gentes son agradables, el trato es fácil; se ven pocos sacerdotes..."
¿Nos habremos vuelto en estos últimos años inferiores a la reputación que teníamos en América Latina? ¿Seguimos siendo menos país que paisaje? ¿Somos más cultos o menos cultos que en el Chile del XIX, que fue el que conoció Bello? En cada venezolano que saludo veo a un bisnieto o bisnieta de Bello y me dan ganas de abrazarlos a todos. Cuando los abracemos, no olvidemos que nos estamos abrazando a nosotros mismos, pues una parte muy importante de nuestra identidad más profunda se la debemos a ese venezolano que traducía a Virgilio y Víctor Hugo y nos enseñó que "todas las verdades se tocan".
La verdad y el destino de Chile y Venezuela se tocan en alguna parte, nuestro exilio de ayer es el exilio de ellos hoy y la dictadura que los agobia es -aunque de distinto signo- como la dictadura que sufrimos ayer. Salgamos a la calle entonces a clamar por su libertad, como ellos clamaron con pasión por la nuestra.
sábado, 23 de abril de 2016
Inmigrantes 2015 - El Mercurio, 23-04-2016
Permanencia definitiva para extranjeros crece un 36% y visas temporales en un 21%
Según informe del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior, el año pasado se dieron 48.836 permisos de residencia y 166.469 transitorios. Peruanos, bolivianos y colombianos alternan primeros lugares en ambas categorías.
"Aunque Chile baje su crecimiento económico actual, todavía existiría un amplio margen, y por largo tiempo, que lo seguiría haciendo atractivo para una gran cantidad de migrantes".
Así explica el jefe nacional del Departamento de Extranjería y Migración (DEM) del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, Rodrigo Sandoval, el aumento que tuvieron el año pasado, respecto de 2014, los permisos de residencia definitiva y las visas temporales entregadas a extranjeros, que crecieron 36% y 21% respectivamente (ver infografías). Las cifras, a las que tuvo acceso El Mercurio, serán publicadas en junio en el anuario de la entidad.
En el primer caso, Sandoval atribuye el incremento a una "mejor gestión y rapidez" en el otorgamiento de los documentos. En el segundo ítem, reitera el "atractivo" laboral que sigue despertando el país para ciudadanos de otras latitudes, dada la demanda por mano de obra que no satisface el mercado local.
Venezolanos lideran
No es coincidencia que tanto en uno como en otro caso, quienes lideran en el aumento de documentos otorgados son los venezolanos, en el contexto del agravamiento de la crisis política y económica que vive esa nación. A nivel de documentos provisorios, después de ellos se ubican los haitianos.
La jefa de estudios del DEM, Claudia Silva, explica que la solicitud de residencia definitiva "puede representar una intención de permanencia prolongada" en el país, pero añade que frente a una posibilidad de mejores expectativas "los migrantes son los primeros en irse".
A modo de ejemplo, señala que si bien las residencias temporales otorgadas a cubanos aumentaron 77%, al pasar de 288 a 509 en el período 2014-2015, "esto podría cambiar producto de las reformas que se están viviendo en Cuba, las que podrían generar el retorno de muchos migrantes, por las expectativas que se están generando".
Aunque en cantidad no están entre las más demandadas por los extranjeros, regiones como La Araucanía, Maule y -más atrás- Los Ríos, experimentaron el mayor crecimiento porcentual de permisos definitivos respecto de 2014. ¿Quiénes se han instalado en la IX Región? Mayormente colombianos, argentinos, españoles y peruanos.
Silva comenta que hacia el sur la migración es atraída por la oferta de empleos en los sectores agrícola y forestal, en un contexto en el que, en forma natural, quienes antes buscaban alternativas en la industria minera ahora apuntan a otras áreas productivas y en zonas que viven sus propias migraciones locales (de chilenos) desde áreas rurales a sectores urbanos.
Nuevos residentes
Con un 33% de aumento de visas temporales, las autoridades de Los Lagos ya notan la llegada de nuevos vecinos. "El principal ingreso de extranjeros es de colombianos. En lo que va de 2016 han hecho los trámites 166 personas, lo que superó las cifras de todo 2015, que llegaron a 136", detalla la abogada de la gobernación de Llanquihue, Mariana Rehbein.
Las principales labores que "declaran" los migrantes -ya que no les corresponde fiscalizarlos- son las de asesoras del hogar, cocineros, jornaleros y personal para restaurantes. "Los trabajos profesionales, en su mayoría, los declaran personas que vienen de Europa o Estados Unidos", asegura.
CRECIENTE DEMANDA
Venezolanos (192%) y haitianos (144%) tuvieron los mayores incrementos de visas temporales otorgadas en 2015. En permanencia definitiva, marcan, respectivamente, 97% y 55%.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Revelaciones del Fiscal - Latinoamérica no hace nada -
Revelaciones del Fiscal - El Mercurio - 28.10.2015
De comprobarse la denuncia y confesión del fiscal venezolano que acusó a López, los países de la región no podrían permanecer indiferentes ante ese atropello a los derechos humanos.
Gran impacto han causado las graves declaraciones del fiscal venezolano, uno de los protagonistas de las acusaciones contra Leopoldo López, al confesar haber recibido presiones del Ministerio Público para inculpar al dirigente opositor mediante pruebas falsas, justificando su condena a 14 años de presidio por incitar a la violencia durante las manifestaciones que ocurrieron en 2014, con resultado de 40 víctimas fatales.
Según las revelaciones hechas por Franklin Nieves, a través de un video tras viajar al extranjero junto a su familia, sus superiores lo habrían amenazado con la destitución si no colaboraba con la condena del líder opositor, a quien el gobierno de Maduro habría planificado detener con anterioridad a la ocurrencia de las violentas protestas, según afirma el fiscal. Tras meses de angustia, decidió huir de Venezuela y revelar la verdad de lo sucedido días antes que la Corte de Apelaciones local revise la apelación presentada por la defensa del líder opositor.
La gravedad de las declaraciones -que han sido negadas por las autoridades venezolanas- ha causado gran impacto tanto en Venezuela como en el exterior. La opositora Mesa de Unidad Democrática ha pedido la inmediata excarcelación de López; del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y de otros 80 detenidos que la oposición califica como presos políticos. En Chile, el presidente del Senado presentó un proyecto de acuerdo para condenar la prisión del dirigente venezolano, demandar su liberación y pedir la presencia de observadores de la OEA y de la Unión Europea para asegurar el normal desarrollo de las elecciones parlamentarias de diciembre próximo. Diversos líderes, ex presidentes y el comisionado para los derechos humanos de la ONU han exigido desde hace meses la puesta en libertad de López, pero sin resultado. El testimonio del fiscal Nieves avala las serias dudas que existen sobre la independencia del Poder Judicial venezolano y la imprescindible separación entre los poderes del Estado en ese país, pilar básico de la democracia.
De comprobarse los hechos denunciados, los países de la región, incluido el nuestro, no podrían permanecer indiferentes ante el atropello de las garantías individuales. La gravedad de las denuncias no deja espacio para el silencio o la justificación, pues denota un preocupante deterioro de los principios democráticos esenciales y una flagrante violación de los derechos humanos de los opositores al régimen bolivariano.