lunes, 11 de abril de 2016

Justicia en duda - Colombia - Tamara Avetikian

Justicia en duda
Los acuerdos de paz en Colombia pueden dejar espacios de impunidad.

 
   
Dos años y medio de negociaciones en La Habana y todavía no hay un acuerdo definitivo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Nadie dijo que sería fácil. El Presidente Juan Manuel Santos fue el primero en reconocerlo, pero se empeña en seguir adelante a pesar de los tropiezos y desencuentros con los duros líderes rebeldes, reacios a doblegarse después de cincuenta años de lucha armada, 280 mil muertos y casi siete millones de desplazados.

En La Habana ya se han definido puntos importantes de la agenda. No hay cuestionamientos a los acuerdos en los temas agrarios, por ejemplo, pero sí fuertes críticas a los que corresponden a reparación de las víctimas, la incorporación de los guerrilleros a la vida política, y sobre todo a la fórmula de justicia transicional, que incluye una amnistía que dejaría a los rebeldes sin cumplir penas de cárcel. Es un tema peliagudo, y hay múltiples puntos de vista.

En Madrid, hace unos días, en un seminario organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana hicieron demoledores análisis sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. De Uribe todos esperábamos escucharlos. Duro opositor a Santos, el ex Presidente se ha dedicado desde el primer momento a torpedear los esfuerzos de su sucesor. Pero lo novedoso fue escuchar a Pastrana, el artífice del Plan Colombia, quien consiguió que EE.UU. se responsabilizara de su parte en el flagelo de la droga, y apoyara económicamente a su país en el combate al narcotráfico, e indirectamente a luchar contra la guerrilla.

Pastrana estuvo hasta hace unos meses en la Comisión Asesora para la Paz, y renunció en octubre por desacuerdos profundos precisamente en torno al tema de la justicia posconflicto. Su argumento es contundente: la Jurisdicción Especial "es un golpe a la estructura institucional colombiana". Este tribunal, dice Pastrana, puede "ejercer una jurisdicción prevalente, en caso de que futuras leyes emanadas del Congreso puedan implicar una modificación a lo pactado (...) en La Habana. Esta 'jurisdicción perenne', sin límite en el tiempo, por encima de la Constitución actual o de cualquier constitución futura, condiciona al propio Poder Legislativo. Así, cualquier ley aprobada en un futuro estará supeditada a la Jurisdicción Especial". Pastrana abre la duda también del papel de la máxima instancia judicial, porque los casos tratados en la JEP no podrán ser nunca reabiertos sino por la misma instancia. O sea, dice el ex Mandatario, el tribunal especial "será siempre la instancia suprema de cierre pactada con las FARC, por encima de la Corte Suprema".

El tema de los crímenes de narcotráfico para Pastrana es otro crucial en su crítica. Esto, porque en el acuerdo se los reconoce como "delitos conexos", es decir relacionados a "objetivos políticos de la insurgencia", entonces quedan amnistiados. A su juicio, eso es impresentable ya que el tráfico de drogas sigue siendo uno de los flagelos más graves que azotan a Colombia.

Los colombianos merecen la paz, y estas negociaciones, trabadas y cuestionadas, pueden lograr el milagro de terminar el conflicto. Pero si Pastrana tiene razón, los acuerdos dejan ventanas abiertas a la injusticia y muchos crímenes quedarían impunes.

El género en el lenguaje - Ignatius, El Mercurio

El género en el lenguaje

   
La riqueza del español se nos está escapando de las manos (ya lo mencionaba Andrenio en esta misma sección). No por la vía del verbing (transformar sustantivos en verbos), sino también por la eliminación del sentido amplio que tienen las palabras al designar igualmente a mujeres y hombres. Y es que cada vez más se escucha a quienes hablan de "ellos y ellas", cuando en una palabra se entienden ambas cosas. Resulta llamativo que también las autoridades hayan caído en estos errores espantosos.

Un ejemplo de lo anterior son los anuncios para "todos y todas". Sin embargo el paroxismo de este vicio ocurre cuando el sustantivo en cuestión tiene solo un genero gramatical por lo que el interlocutor debe usar dos artículos, como cuando se menciona a "los y las estudiantes".

Tan común se vuelto esta práctica irritante que incluso la Real Academia de la Lengua ha hecho sus descargos mencionando que "la actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje".

Resulta una ignominia que entre las leyes y los documentos públicos se comience a plasmar este defecto. De comenzar con esta senda, las palabras perderán sentido y al igual que Orwell explica en 1984 con el newspeak (o neolengua), en el futuro solo tendrán un significado parcial olvidándonos del poderoso concepto que tienen detrás.

Cuando se mencione que todos son libres, se entenderá que solo los varones lo son, ya que nuestro intelecto no será capaz de asimilar a las mujeres como incluidas, si su género no es pronunciado. Habremos perdido entonces todo rasgo igualitario de nuestro lenguaje.

sábado, 9 de abril de 2016

Venezuela, Sin duda alguna este es un país cobarde - Francisco Faraco

Leer esta nota en: www.talcualdigital.com

Francisco Faraco: Sin duda alguna este es un país cobarde

El economista asegura que Maduro es un necio, es un pobre hombre, es un toripollo, cuerpo de toro y mente de pollo. Destaca que cuando conviertes el país en una banda tienes una gama de productos amplísima: extorsiones, narcotráfico y contrabando
Francisco Faraco economista y presidente de la firma de consultoría financiera Faraco & Asociados se define como un ánima sola porque nunca le gustó formar grupos por no abdicar su manera de pensar. “Soy muy amante de mi tierra, muy enraizado en mi tierra, soy falconiano. Soy un venezolano”.

Faraco piensa que somos un país de cobardes “A mí me da miedo, cuando veo un uniforme me chorreo y no tengo ningún empacho en decirlo porque es lo que siento…”

-¿CÓMO LLEGAMOS A ESTE CAOS QUE ESTAMOS VIVIENDO?
-Este caos es la consecuencia de un gobierno enloquecido como fue el gobierno de Hugo Chávez. Nosotros estamos viviendo ya a nivel de todo el país lo que vivió La Guaira con el deslave. Por aquí pasó una gigantesca ola de recursos financieros que deslavaron la capa vegetal, industrial, agrícola de Venezuela y enriquecieron a unos pocos y nos dejaron ensartados a 32 millones de venezolanos y ahora nos la tenemos que calar.

-¿Y NOS LA VAMOS A SEGUIR CALANDO?
-Sin duda alguna, este es un país cobarde, por encima de todo es un país cobarde, yo soy un cobarde. A mí me da miedo, yo soy como el perro de Pavolv que cuando le muestran un pedazo de carne saliva, yo cuando veo a un uniforme me chorreo y no tengo ningún empacho en decirlo porque es lo que siento. Pero también veo que cuando protesto algo en una cola todos los que están a mí alrededor se ven la punta de los zapatos a ver si se orinaron.

-¿EL GOBIERNO LOGRÓ ACOBARDARNOS?
-No, ellos no lo han logrado, siempre fuimos así. ¿Quiénes se le alzaron a Pérez Jiménez? Cuatro idealistas ¿Quiénes se alzaron contra Gómez? Unos señores que metieron en La Rotunda. Eso sí, el venezolano es alevoso, ataca por la espalda, te apuñalea por la espalda, pero ¿frente a frente… enfrentar a un hombre con arma? menos.

-EL TSJ NEGÓ A LA ASAMBLEA NACIONAL LA REFORMA DE LA LEY DEL BANCO CENTRAL.
- Esta semana ocurrió un evento histórico. El fenómeno inflacionario, que es lo que tiene ahogado al venezolano y lo continuará ahogando es, como dicen los libros, un fenómeno monetario. La inflación es la consecuencia de una enorme cantidad de dinero persiguiendo una cada vez más pequeña cantidad de bienes. Así lo definen los libros de economía 1: mucho dinero persiguiendo pocos bienes y así los bienes suben de precio. ¿Quién crea ese dinero? El Banco Central y ¿contra qué lo crea? Cuando no hay el fenómeno lo crea comprando divisas, oro, o cuando le da redescuentos a la banca, por eso la Constitución venezolana siempre prohibió que el Banco Central le diera préstamos al fisco, financiara políticas fiscales deficitarias, incluso esta Constitución del 99 así lo establece: el BCV no puede financiar políticas fiscales deficitarias y lo que hace el BCV hoy en día es financiar políticas fiscales deficitarias y al TSJ eso le parece maravilloso. Entonces el haber negado la reforma a la ley del BCV que permitía básicamente cerrar ese mecanismo endemoniado, diabólico, cocainómano, de enviciarse en emitir dinero sin ningún respaldo nos daba la posibilidad de que aquí pudiéramos algún día durante este Gobierno recuperar un poco la estabilidad de precios.

-¿CUÁL ES LA FUNCIÓN FUNDAMENTAL DE UN BANCO CENTRAL?
- La función fundamental de un banco central, que la puede leer cualquier muchacho en la página web del Banco Central, es la estabilidad de precios. ¿Cómo es posible que se defienda la estructura de poder de un banco central que tiene una inflación de nadie sabe cuánto es? Sabemos que es mucho, pero no cuánto. Entonces ¿vas a decir que esa estructura de gobierno del Banco Central con directiva nombrada por Nicolás Maduro es perfecta?
Aquí estamos en presencia de enfrentar nuestros demonios de locura, esto es la máxima locura de nuestro país después de las locuras del Siglo XIX. El General Gómez había amarrado a locos en Venezuela y Hugo Chávez los soltó porque él era el primer loco.

-¿CÓMO VE LA ESCASEZ, LAS COLAS, LOS SAQUEOS, LOS AUTOMERCADOS DESABASTECIDOS, LA GENTE?
- Eso es consecuencia de lo que ellos han dado en llamar el modelo. El llamado modelo era echar dinero a la calle, dar a la gente capacidad de compra, perseguir al sector privado con lo cual se le restaba al mercado capacidad de oferta y así se iba abriendo una brecha cada vez mayor que cerrabas con importaciones porque el petróleo estaba a muy buen precio y esas importaciones servían para que cuatro vivos se enriquecieran importando, trayendo, comprando en el exterior y enriquecieron a mucha gente, básicamente, a militares que son los que siempre han manejado todo lo que tiene que ver con alimentos en Venezuela. ¿Qué pasó? Que el petróleo bajó de precio y nos agarró la Sayona. De pasar de 100 dólares a 25 es como si a uno le bajaran el sueldo en tres cuartas partes. Ahora no hay con qué importar, le prendemos una vela a los santos, nadie nos fía y ahora hacemos pactos con Haití, somos una potencia pesquera en alianza con Haití. En Haití la gente come arepas de barro, agarran tierra, le echan agua, la amasan, le echan un poquito de aceite y comen arepas de barro, esos son nuestros socios hoy en día.

-¿HASTA DÓNDE PODEMOS LLEGAR?
-No hay fin porque somos cobardes.

-¿QUÉ TENDRÍAMOS QUÉ HACER?
-Dejar de ser cobardes y confrontar al Gobierno donde hay que confrontarlo: en la calle.

-¿ESO VIENE?
¡Qué va a venir!, ¿usted nunca ha oído rastrillar una peinilla en la acera? No queda nadie. Desgraciadamente es así.

-HACE UNOS DÍAS EL PRESIDENTE MADURO FUERA DE SÍ GRITABA PORQUE QUIERE ACABAR CON LA CORRUPCIÓN.
- Maduro es un necio, es un pobre hombre, es un toripollo, cuerpo de toro y mente de pollo, qué ha hecho en concreto. Cuántos ladrones ha expulsado del gabinete, qué le dijo a los narco sobrinos ¿los dejó sin abogados? Maduro no puede venir a gritar delante un micrófono, tiene que demostrar con hechos, si fuera enemigo de la corrupción tendría que raspar el 95% de su gabinete. El pecador no tiene salvación sin pasar antes por el purgatorio y este es nuestro purgatorio porque fuimos enormemente pecadores. Cuando aquí todos les extendimos las manos a Chávez, viajábamos de aquí allá sabiendo que los boletos eran subsidiados. Yo en Lima vi la peor de las vergüenzas: en el Girón de La Unión en un depósito vi un estante que decía “Se raspan cupos” y todavía hay gente que raspa cupos.

-AHORA TENEMOS UNA NUEVA FORMA DE ECONOMÍA: EL BACHAQUERISMO.
- Los bachaqueros son el buhonero devenido en buhoneros de comida, compran una cosa en uno y la venden en diez, le sacan la sangre al vecino. Una buhonera me dijo: cuando a mi me detonan y me sale la sangre nadie llora por mí. Nos hemos vuelto un país insensible, enormemente individualista, yo me salvé, que se fuña el de al lado. No queremos reconocer lo que somos, el perdón de los pecados pasa por reconocer lo que somos. Decir “esto” es un desastre es una abstracción, “nosotros” somos un desastre, no es el país que es un espacio geográfico, nosotros los venezolanos somos un desastre, somos cobardes, mal educados, es no poder entender la realidad de las cosas, es no tener formación.

-¿A QUIÉN LE ENTREGAMOS EL PAÍS?
- Este es un pueblo que le entregó el país a un chofer de autobús, un país que hace eso ¿merece alguna redención? Merece todos los palos que le den.

-PERO ESE CHOFER DE AUTOBÚS NOS LOS IMPUSO CHÁVEZ.
-¡No! Nosotros votamos por él. No busquemos excusas a lo que es absoluta responsabilidad el haberle entregado el país a una banda de asaltantes. Hay que ver lo que son aquellos del 4 de febrero, aquel 27 de noviembre por primera y única vez en mi vida yo vi combates aéreos sobre el cielo de Caracas. ¡A esa gente se le entregó el poder en Venezuela, a esos facinerosos! ¿Ahora vamos a decir que la culpa es de Chávez?

-¿CUÁNDO VAMOS A ENCONTRAR LA SALIDA A ESTA SITUACIÓN?
-Cuando dejemos de ser cobardes y en el momento que dejemos de ser cobardes, salir para la calle.

-¿QUÉ OPINAS DE LA LABOR DE LA ASAMBLEA NACIONAL?
- Está jugando su rol tratando de que la gente se percate en lo que estamos metidos. El TSJ son unos señores puestos ahí por el Gobierno para cumplir la función que están cumpliendo, son como un arquero y lo último que va a ocurrir es que la reforma de la Ley del TSJ, a su propia ley, van a vetarla. Ya vetaron a la Constitución cuando vetaron la Ley del Banco Central.

-OPTIMISTA NO ES.
- No, ya he vivido demasiado para serlo, he visto demasiado en este país. Tengo 75 años y he visto a la gente arrastrarse, lambucear, he visto hombres dignos doblegarse por el poder, lamber suelo por cuatro lochas.

-LA CORRUPCIÓN DE AHORA NO ES SÓLO ROBARSE DINERO.
- Claro, porque cuando conviertes el país en una banda tienes una gama de productos amplísima: extorsiones, narcotráfico, contrabando y cada quien escoge el producto que más le convenga y, además, tienen el control de las policías, de la Fuerza Armada, de los penales y de lo que llaman justicia y en connivencia entre ellos hacen lo que les da la gana.

-¿QUÉ ESTAMOS VIVIENDO EN ESTOS MOMENTOS?
- Lo que estamos viviendo es un problema político, las relaciones sociales en una sociedad. Esta sociedad la compone civiles y militares, hampones y doctores, hombres y mujeres, y uno ve el predominio del hampón.

-¿REFERÉNDUM, REVOCATORIO, CONSTITUYENTE?
- Yo no creo en nada de eso, hasta cuándo constituyentes hechas a la medida; ¿referéndum revocatorio? No vale la pena ¿para que quede Aristóbulo Istúriz?

-¿TENEMOS LÍDERES EN QUIENES CONFIAR?
- Los líderes políticos se hacen en la cárcel, no en la calle, en la cárcel es donde se tejen las tertulias, las amistades, se aprende a confrontar y no temerle al carcelero, se aprende el ejercicio de la paciencia. Si Jóvito Villalba se levantaba el pantalón se le veían en los tobillos las cicatrices de los grillos lecuneros que por 7 años llevó en el Castillo de Puerto Cabello. Formar un líder se lleva mucho tiempo.

-Y LEOPOLDO LÓPEZ TAMBIÉN ESTÁ EN LA CÁRCEL.
- Sí tiene oportunidad, pero habrá que verlo cuando salga, con qué tesitura sale, porque él ha tenido una desventaja y es que ha estado solo y aislado porque los militares aprenden y aprenden mucho.

-RESUMEN.
- En esto nos metimos nosotros y sólo saldremos el día que nosotros decidamos salir, en esto no nos metió nadie. Nos metió la irresponsabilidad de unos, la cobardía de otros, la codicia de muchos, las ambiciones de otros. Ahora tenemos que ver cómo salimos, tenemos que salir nosotros, los mismos que nos metimos en este charco

Mientras el rejo va y viene el lomo descansa, esa es la máxima venezolana.

martes, 29 de marzo de 2016

Neutralizando a los Fiscales. Silencio e Impunidad. - Andrés Carrera, El Mostrador

En estas circunstancias, resulta claro que la principal virtud de esta nueva generación de fiscales fue comprender que la inercia de las instituciones sólo podía ser alterada a través de la presión de los medios y de la opinión pública.

Por ello, es que el más destacado vínculo virtuoso de los dos últimos años no fue –al menos en un sentido democratizador– la alianza público-privada propugnada por Ricardo Lagos en su emblemático discurso pronunciado en Icare en agosto del 2014 (y que muy probablemente volverá a reeditar en el contexto de una eventual candidatura presidencial).

Muy por el contrario, el vínculo virtuoso estaría definido por una alianza estratégica establecida entre un grupo de fiscales subalternos con ansias de justicia y un segmento de periodistas críticos que alentarían un renacer disciplinario respaldado en la proliferación de medios alternativos y el explosivo avance de nuevas plataformas y tecnologías comunicacionales.

Con este telón de fondo ha de leerse la medida adoptada por el Senado, instancia que hace bastante tiempo se ha consolidado como el bastión institucional del partido del orden (cuando la Cámara Alta falla en su propósito restaurador, siempre es posible recurrir a la trinchera de retaguardia: el Tribunal Constitucional). Recordemos que la primera jugada clave para ejecutar este cambio fue la postulación de Jorge Abbott como nuevo Fiscal Nacional. He aquí el verdadero “Fiscal Ad-Hoc”. Esta candidatura, propuesta por la presidenta Michelle Bachelet, fue ratificada en bloque por la Alianza (hoy Chile Vamos) y la Nueva Mayoría en el Senado el pasado 19 de octubre.

En resumidas cuentas, la conducción tanto del Ministerio Público y como del Senado operan coordinadamente para neutralizar a los actores sociales más relevantes de los últimos años. Hemos escuchado la defensa de la medida por parte de las principales dirigencias de los bloques políticos tradicionales y los actuales líderes del Ministerio Público. Algunos afirmarán que el objetivo de la indicación es “cuidar las instituciones”. Otros, dirán que su fundamento es asegurar la “neutralidad y objetividad” del Ministerio Público. Más de algún gremio de abogados rasgará vestiduras por el “aseguramiento del debido proceso y la presunción de inocencia de las personas investigadas”.

De este modo, los defensores del statu quo volverán a replicar la vieja y gastada fórmula asociada al cinismo institucional. Aquel que ante los ojos del escrutinio público exige neutralidad y objetividad de las instituciones en aras del buen funcionamiento de la república, pero que en las conversaciones de pasillo (o, más bien, en sus “cocinas privadas”) no tiene inconvenientes en poner las mismas instituciones a disposición de los sectores más privilegiados de nuestra sociedad.

Lo trágico de las aspiraciones restauradoras, es que la normativa creada para neutralizar el ejercicio investigativo y al derecho público a la información, no podrá contener, ni el develamiento de nuevos antecedentes informativos, los cuales, seguirán definiendo los contornos del semblante de la descomposición, ni la proliferación de nuevos actores socio-políticos que intenten capitalizar políticamente la irrupción del malestar.

Y es que las crisis de orden sistémico no pueden ser suprimidas y/o revertidas por decreto, por más restrictivo y eficaz que éste sea.

miércoles, 27 de enero de 2016

Importaculismo

Un correos singular, de reflexión sobre los tiempos por venir.
Espero se sientan identificados con el contenido. Si así fuere, se confirmaría que estamos mal pero vamos bien.
Saludos


LO QUE REALMENTE ME HIZO REFLEXIONAR ES LA CONFESIÓN DE SCHLUMBERG (Es un ING.QUíM).

'En la vida todos tenemos un secreto inconfesable, un arrepentimiento irreversible, un sueño inalcanzable, y un amor inolvidable'


LA HORA DE DESAPRENDER


Las mujeres y hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camino del desaprendizaje.

Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposas, mejores esposos, mejores profesionales, mejores madres y padres, etc.

Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado.

Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente, el importaculismo.("Todo me importa un culo"). Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones.

Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes.

Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente.

Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa.

Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.

Nosotros ya demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigas y amigos, conversando con todo el que nos encontremos.

Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos; ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie.

Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos. Nosotros ahora, estamos por encima del bien y del mal.

Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubrimos al Quijote y a Fernando González.

Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal.

La vida es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin.

Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con uno mismo, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo.
Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no.

Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica.

Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
Somos, ahora sí, libres de ataduras, de prejuicios, de creencias.

Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.




Harold Schlumberg

"Muchos me preguntan, qué hacen las personas después de jubilados?"

"Bueno, yo tengo la suerte de ser graduado en ingeniería química y una de las cosas que más me gusta hacer es transformar cervezas, vinos y otras bebidas alcohólicas.......... en orina,

y me lo paso de puta madre..."

miércoles, 30 de diciembre de 2015

2015: El año que no fue - José Joaquín Brunner

2015: El año que no fue

Al concluir el segundo año de la administración Bachelet todo apunta, me temo, a un balance mediocre, poco enérgico, de desempeño desigual entre sectores de la vida nacional pero con escasa creatividad y proyección en general.

Alcances de una ambición

2015 iba a ser el año de máxima intensidad en el despliegue del Programa del gobierno Bachelet. Tras un inicio centrado en la reforma tributaria y el fin del lucro, el copago y la selección en los colegios, el segundo año de la administración fijaría un punto de inflexión y abriría un nuevo ciclo histórico. Luego vendría un tercer año dedicado a la consolidación de los cambios y a las elecciones municipales, puerta de entrada hacia el desenlace del actual periodo presidencial y la elección del sucesor o sucesora de Bachelet.

El Programa de campaña de la Presidenta, que tan relevante papel ideológico jugó al comenzar el gobierno, anuncia los alcances del nuevo ciclo en los siguientes términos (resumo verbatim):

- El país está preparado para entrar a un nuevo ciclo político, económico y social.
- Este programa entrega los cimientos para este nuevo ciclo.
- La necesidad de resolver las brechas de desigualdad que hoy tenemos nos exige realizar cambios profundos y estructurales.
- La más importante de estas transformaciones nos permitirá avanzar hacia una educación más equitativa y de calidad en todos sus niveles.
- Tenemos que contar con los recursos necesarios para hacer realidad estas transformaciones.
- La envergadura de esta tarea, así como la implementación de otros programas que apuntan a una mayor igualdad, nos exigen reformar nuestro sistema tributario.
- Necesitamos un nuevo marco constitucional y político que garantice derechos, defina obligaciones y que responda a las demandas de los ciudadanos por mayor participación y representatividad.
- Necesitamos prestigiar nuestra política y debemos contar con un sistema electoral que permita representar la amplia diversidad de visiones que tienen los chilenos y chilenas.
- Estos cambios estructurales unidos a algunas políticas sectoriales, como el fortalecimiento de la salud, en el ámbito público y privado, el establecimiento de nuevas condiciones laborales para nuestros trabajadores, la consolidación de un sistema integral de protección social, impulsar una descentralización efectiva, implementar una agenda de género, consolidar mejoras sustantivas en seguridad ciudadana, garantizar el respeto a nuestra diversidad e identidad, cuidar nuestro medio ambiente, avanzar en calidad de vida en el territorio y abrir nuevos canales de participación ciudadana, entre otras, son parte de los énfasis centrales del gobierno de la Nueva Mayoría (NM).
- Cuatro años es poco tiempo para la magnitud del desafío. Algunos cambios debemos implementarlos de inmediato, otros quedarán en marcha.
- Este es el comienzo de un proyecto transformador de largo plazo. Estamos hablando de hacer los cambios necesarios en el modelo de desarrollo que ha tenido Chile y que debieran orientar nuestros esfuerzos como país por las próximas décadas.

Dentro de ese mismo horizonte programático se plantea una serie adicional de transformaciones en todos los campos de la acción colectiva: economía, productividad y competitividad; energía; ciencia, tecnología e innovación; modernización del Estado; protección y defensa de los consumidores; competencia y transparencia; agricultura; pesca y turismo; minería y recursos hídricos; inversión pública y concesiones; emprendimiento de la micro, pequeña y mediana empresa; salud; trabajo; pensiones; seguridad ciudadana; justicia; descentralización; ciudad, vivienda y territorio; medio ambiente; cultura; deporte; transporte y telecomunicaciones; municipios; defensa; relaciones exteriores; superación de la pobreza; derechos humanos; equidad de género; pueblos  indígenas; infancia y jóvenes; discapacidad; igualdad y no discriminación; participación e inclusión; adultos mayores.

Casi todos los sectores de la nación cambiarían pues en el nuevo ciclo –en muchos casos con profundidad ‘estructural’–, al punto que palabras como 'refundación' y 'refundacional', no usadas desde 1981, volvieron a resonar en nuestro léxico político. Este sería el gobierno de un nuevo comienzo, de un cambio de folio, de una visión trascendente de transformación de la sociedad.

La nueva etapa traía consigo algo todavía más esencial, que subyace al Programa y que debía representar el espíritu más vital y profundo de la nueva administración. Se trataba de un nuevo modelo de desarrollo –el 'otro modelo', según se anunció– que estaría precedido por un 'cambio de paradigma' en el plano ideacional, cognitivo, de las políticas públicas.

¿En qué consistían ese diferente modelo y paradigma? ¿Qué significaba el atributo de 'estructural' de los cambios buscados?

Dicho brevemente, se trataba de pasar de un modelo paradigmático de tipo neoliberal a uno socialdemócrata de verdad. Es decir, con derechos sociales garantizados, Estado de bienestar en forma, gratuidad de servicios con cobertura universal, énfasis en bienes públicos provistos con cargo a la renta nacional, mayores y más progresivos impuestos, cultivo de las dimensiones comunitarias y solidarias de la convivencia y de una cultura emancipatoria. Ese tránsito iría acompañado de una ampliación de las libertades personales en todos los planos de la autonomía humana, haciendo posible así la libre elección de valores de acuerdo a los cuales cada uno desea conducir la propia vida.

En concreto, se pondría fin a los excesos del mercado y a la mercadización de las esferas no-económicas de la sociedad (política, educacional, científico-técnica, religiosa, erótica, familiar); a los fenómenos de mercantilización, comercialización y privatización; al predominio del individualismo y los intereses egoístas; a las soluciones privadas para los problemas públicos. Todo esto mediante una vigorosa acción del Estado y la promoción de las racionalidades democráticas: públicas, deliberativas y participativas.

Ambigüedades y límites de implementación

A mitad del andar de nuestro gobierno, puede constatarse que la dirección se ha extraviado y que la vía directa que debía llevar a la refundación de la sociedad se ha perdido. La encendida retórica inicial desapareció para ser sustituida por un lenguaje lleno de ambigüedades y contradicciones; el lenguaje del ‘realismo sin renuncia’, magnífica fórmula que resume las tensiones y límites del año gubernamental 2015.

En cuanto al ambicioso Programa, la confianza en él y sus autores quedó severamente dañada al conocerse su modo de producción y de financiamiento. El núcleo encargado de su elaboración salió prontamente defenestrado de La Moneda.

Las reformas centrales –tributaria, escolar y constitucional– sufrieron serios traspiés al entrar en contacto con la realidad. La primera, luego de aprobarse tras engorrosa negociación, está siendo rehecha ahora entre expertos que buscan simplificar y racionalizar su aplicación.  La implementación de la segunda se sujetó a la expedición de un conjunto de reglamentos, con lo cual los cambios se postergaron y su eco ideológico se ha ido apagando, sin que podamos esperar de ella un mejoramiento significativo de los aprendizajes. La tercera reforma, del orden constitucional, será canalizada a través de un proceso de educación cívica y consultas ciudadanas hacia el Congreso, que más adelante decidirá su procesamiento y aprobación. La asamblea constituyente quedó descartada por el momento (aunque no las ilusiones que se forjaron en torno a ella). La nueva carta fundamental, postergada hasta el próximo cuatrienio.

Las demás medidas de cambio –en los más diversos planos, desde la despenalización del aborto hasta el fortalecimiento de los sindicatos y la gratuidad de los estudios superiores– han experimentado similares dificultades de diseño, aprobación e implementación.

De hecho, las reformas, el gobierno como tal, la Presidenta y sus ministros y el desempeño de las autoridades y la NM en sectores considerados claves por la ciudadanía son evaluados en general a la baja por la opinión pública encuestada durante el año 2015. De modo que en vez de congregarse una corriente de entusiasmo, apoyo y movilización social tras las medidas impulsadas por la administración Bachelet, ha ocurrido lo contrario. Reina un clima de relativa apatía; las movilizaciones sociales corren en dirección contraria al gobierno y hay un constante murmullo de fondo sobre la escasa pericia de los gobernantes.

Factores de contexto

Sin duda, en dicho deterioro del apoyo al gobierno ha influido la vertiginosa pérdida de confianza en la clase política en general, motivada por los escándalos que afectaron a personal del propio gobierno e indirectamente también a la Presidenta, en primer lugar; a los partidos oficialistas enseguida; luego a la oposición de derecha que ha permanecido inerte político-ideológicamente, y también ahora último a la principal fuerza alternativa (el Partido Progresista), cuyo rostro representativo se encuentra bajo investigación de la fiscalía.

Es, pues, el sistema político en su conjunto –en sus instituciones centrales y prácticamente en todos sus liderazgos individuales con escasas excepciones– el que se halla cuestionado y ha perdido credibilidad durante el 2015.

Tampoco puede discutirse que las ambiciosas ideas de cambio del gobierno se han visto afectadas por el enfriamiento de la economía y la caída de expectativas de los consumidores. El dinamismo de los últimos años ha ido perdiendo vigor a lo largo de los 24 meses pasados y las perspectivas futuras son de estrechamiento de la actividad y de aún más reducidas expectativas de crecimiento. Una constante dialéctica negativa entre empresarios y gobierno contribuye a deprimir el ambiente de los mercados y hace dudar a la gente de que la actividad económica pueda recuperarse en el corto plazo. El bajo precio del cobre y las dificultades para elevar la productividad en diversos sectores, así como la difundida sensación de que al momento no hay una visión de desarrollo que articule los diferentes intereses, visiones de mundo e ideales, crea una nube de incertidumbres que impide ver el horizonte y apurar el paso.

Lo que viene ocurriendo con las comunidades científicas, su desilusión y real desazón con un gobierno que había prometido una política esclarecida de apoyo a las actividades de investigación y desarrollo, es un buen ejemplo del clima de frustración que se ha ido instalando en la ciudad política, nuestra polis. Como nunca antes las personas preocupadas por la invención, los descubrimientos, el conocimiento y la transformación del mundo físico y las ideas, han manifestado su preocupación y reclamado frente a la indolencia del gobierno. Acusan una falta de rumbo en este campo, inefectividad burocrática e ineficiencia de Conicyt y el desaparecimiento –en la práctica– de los temas de la ciencia académica y la innovación de la agenda pública y los planes de inversión.

Como sea, al concluir el segundo año de la administración Bachelet todo apunta, me temo, a un balance mediocre, poco enérgico, de desempeño desigual entre sectores de la vida nacional pero con escasa creatividad y proyección en general. (¿No es esa acaso la razón de la carrera presidencial anticipada que comenzó en 2015?).

Incluso temas tradicionalmente dinámicos y exitosos, como las relaciones exteriores del país, son objeto de una sorda y contenida crítica debido a la excesiva e injustificada focalización confrontacional con Bolivia, donde nuestro equipo jurídico fue tomado por sorpresa en La Haya. Hasta el momento del cambio del agente chileno, existía la idea –crecientemente compartida por amplios círculos– que el gobierno impulsaba una estrategia equivocada: reactiva frente a las autoridades bolivianas, de corto alcance, propensa a la polémica jurídica, atrincherada en el formalismo del derecho internacional pero insensible a las realidades político-culturales y a las percepciones de las autoridades internacionales, los países vecinos y los pueblos de la región. Al final, Chile parece progresivamente un colectivo enclaustrado tras los muros de sus tratados de límites, más confiado en la fuerza como última ratio que en la razón como primer puente de entendimiento y civilización. Una perspectiva que fácilmente puede descalificarse como decimonónica.

El año que concluye estuvo marcado también por una brecha entre la retórica regionalista y descentralizadora del poder y las realidades del persistente centralismo. Así, el permanente deseo de las autoridades de fortalecer el activismo del Estado central se ha conjugado con un debilitamiento de los poderes locales y, en primer lugar, de los municipios. En este cuadro cabe entender el continuo deterioro de la situación de La Araucanía y la multiplicación allí de la violencia y los actos terroristas; la falta de una oportuna previsión y ahora de una reacción efectiva frente a la situación de industrias de amplio impacto regional como la minería en el norte y la industria del salmón en el sur; y el renovado estado de semi-crisis que aqueja a los municipios, afectados por los crónicos déficits de sus colegios y servicios de salud.

Asimismo, la idea de que la acción del gobierno y las políticas públicas impulsarían la  renovación urbana, ciudades habitables, un mayor compromiso con los espacios públicos, mejores entornos para las comunidades y una existencia segura, atención a las condiciones de vida y habitación de las familias en sus localidades, todo eso ha ido borrándose del discurso para ajustarse a los parámetros de una más modesta continuidad de las políticas y al realismo de los presupuestos. En tanto perdura –y a ratos se agrava– el mal funcionamiento del transporte en la ciudad de Santiago (Transantiago) y se extiende la percepción de inseguridad frente al crimen, la violencia y las drogas, sobre todo en los sectores de menores ingresos.

Por lo demás, como ya resulta de ordinaria ocurrencia, también la administración Bachelet debió hacerse cargo de las destrucciones causadas por la naturaleza durante los dos primeros años del cuatrienio.

En suma, durante 2015, frente a la inflación de expectativas alimentadas por la promesa programática presidencial de un nuevo ciclo histórico, volvió a circular en sordina entre las élites y en el sentimiento popular –sobre todo a nivel de la opinión pública encuestada– la antigua pregunta del Centenario formulada originalmente por Enrique Mac Iver: ¿Qué ataja el poderoso vuelo que había tomado la República...?

E pur si muove

Sin embargo, no es cierto que la nación esté detenida o vaya en caída libre. Diagnósticos que exageran los males o son poco finos a la hora de analizar los progresos (aparentes o reales) ayudan poco a entender la situación en que nos encontramos.

Por lo pronto, en un cuadro de deterioro económico latinoamericano relativamente generalizado, Chile mantiene una expectativa de mínimo crecimiento. Los fundamentos de la economía –como suelen decir los practicantes de esa 'ciencia lúgubre' (dismal science), según la bautizó el historiador Thomas Carlyle (1795-1881) – están sanos, aunque la productividad se halla estancada en varios sectores. Asimismo, las instituciones funcionan normalmente, aunque con escaso reconocimiento y a veces sin efectividad, y la política, a pesar de su crisis, no se ha hundido en el populismo.

Interesantemente, el gobierno –que ya sabemos termina el año con bajos índices de popularidad y enredado en problemas de gestión política generados por su propia  incompetencia– sin embargo puede reivindicar en su favor varios cambios en la línea de su oferta programática.

En 2014 aprobó una reforma tributaria que –en régimen— sumaría el equivalente de hasta tres puntos adicionales del PIB al gasto social; logró una clara mayoría para su ley del fin del lucro, el copago y la selección escolar y creó una subsecretaría de educación parvularia dentro del Mineduc. En 2015 obtuvo –incluso con votos de la oposición– el reemplazo del sistema binominal y una 'ley corta' que introduce la gratuidad en la enseñanza superior, así como obtuvo el respaldo necesario para la creación de dos universidades estatales y de un centro de formación técnica del Estado en cada región del país.

Además, puso en discusión diversas materias en el Parlamento que durante 2016 se transformarán en leyes, entre ellas: una reforma laboral que –como sea que termine aprobándose– reforzará el poder de los sindicatos; una nueva carrera docente que, sin modificar de fondo la estructura, formación, funcionamiento y evaluación de los maestros, comprometerá una significativa suma de recursos para mejorar las remuneraciones de la profesión; el término de la administración municipal de colegios traspasándola a unos servicios locales y a un servicio nacional de educación, y los proyectos sobre probidad y corrupción que resultaron del Informe de la Comisión Engel.

Adicionalmente, tras una serie de indefiniciones conceptuales y de procedimiento, la Presidenta puso en marcha un proceso participativo en torno al establecimiento de una nueva constitución, materia que, ya vimos, será resuelta después de que concluya el actual periodo presidencial. También se puso fin al sistema binominal, aspiración continuamente sostenida desde los días de la Concertación.

A mitad de su camino, entonces, la administración Bachelet ha puesto en marcha una serie de cambios que, en parte al menos, responden a las propuestas del Programa y apuntan en general en la dirección de ampliar la esfera de bienestar del Estado y el papel proveedor, regulador y supervisor del mismo. En cada caso, claro está, la retórica ha ido por delante de la realidad y la excede; las promesas involucradas han sido exageradas y, particularmente, la gestión política de los proyectos ha suscitado fuertes críticas técnicas, tensiones dentro de la NM y acusaciones –sin lugar a dudas justificadas– de mal manejo, desprolijidad e improvisación.

Incógnitas de implementación e impacto

Por otra parte, no es posible evaluar aún el impacto de los cambios impulsados por el gobierno, pues en la mayoría de los casos las leyes correspondientes no han sido aprobadas, o su implementación todavía no comienza o los cambios esperados se hallan recién en fase preparatoria de ejecución.

Desde ya algunas cosas están claras, sin embargo. En ocasiones, como ocurre con la reforma tributaria, la legislación aprobada ha debido ser revisada a fondo para permitir una aplicación racional y dar frutos. En otros casos, como la ley educacional del fin de tres cosas (lucro, copago y selección), hay que dictar una docena o más de reglamentos para poner en marcha la reforma y algunos anticipamos que su impacto sobre la calidad de los aprendizajes escolares será insignificante y, por lo mismo, invisible.

También hay reformas que por la manera de aprobarse, a 'matacaballo', por ejemplo en el caso de la ‘ley corta’ de gratuidad, se hallan en estado líquido e inestable, a la espera de que se discuta una ley marco de la educación superior, la cual debería implantar un nuevo modelo de financiamiento de ese sistema, dentro del cual la gratuidad es solo una pieza más.

Otras reformas, como vimos, se hallan apenas en fase de tramitación, pero, desde ya, han  generado importantes efectos de incertidumbre y divisiones en diferentes ámbitos, como ocurre por ejemplo con la reforma laboral y con la desmunicipalización escolar, por ejemplo.

Balance de signo negativo

De manera que, a la luz de un balance que considere todos los elementos en juego, en las varias dimensiones del cambio ofrecido por el Programa enunciado por el gobierno Bachelet, salta a la vista, en primer lugar, la distancia entre el discurso programático y la implementación práctica.

Efectivamente, la brecha es de enorme magnitud y profundidad. No hay nuevo ciclo histórico, no hay cambio de paradigma, no se ha impuesto un nuevo modelo de desarrollo, no ingresamos en una dinámica virtuosa de mayor igualdad, no hubo efectivo recambio de la generación gobernante, la gestión política ha sido francamente mediocre, la NM no aparece como un pacto de largo aliento ni ha dado muestras de unidad de propósitos y de responsabilidad gubernamental, los aspectos técnicos y burocráticos de la administración han sido débiles y por debajo de las expectativas e incluso la Presidenta se ha visto incómoda en su  puesto, sin su acostumbrado liderazgo.

En segundo lugar, el balance confirma que a lo largo del año 2015 se instaló, y no pudo ser superada –como hemos venido sosteniendo en este espacio–, una crisis de conducción que, en última instancia, se traduce en la incapacidad práctica del gobierno de contar con una agenda, una carta de navegación, un equipo coherente de alta gestión gubernamental y una caja con suficientes herramientas para hacer frente a las complejidades de los desafíos que ha debido encarar. En cada uno de esos aspectos la gobernabilidad ha sido débil y se halla cuestionada.

La agenda aparece demasiado vaga y ambiciosa a la vez, le falta un diagnóstico realista y maduro y es improvisada y pobremente comunicada. El sueño del nuevo ciclo histórico no pudo materializarse, racionalizarse y sistematizarse. El Programa permaneció escrito en el cielo, en letras doradas, sin descender a la intrincada, compleja, a ratos fea, realidad.

No ha habido propiamente una carta de navegación, en el sentido que Edgardo Boeninger usaba este término. Por eso la continua sensación de que se improvisa, se varía el rumbo, se entra en callejones sin salida; que falta coordinación del conjunto y, en particular, una estrategia legislativa razonable y compartida con los liderazgos parlamentarios y de la NM.

El equipo central de la administración Bachelet, su núcleo, se desplomó a comienzos del 2015 y, desde ese momento, comenzó una sorda pugna entre los bloques rupturista y reformista. Aquel entiende el Programa como un dogma que debe ser impuesto mediante una operación de retroexcavadora al cual no se puede renunciar a riesgo de desdibujar la identidad del nuevo ciclo histórico. El otro (el bloque reformista) representa una visión realista del Programa, la necesidad de su reelaboración a la luz de las cambiantes circunstancias políticas y económicas, y un énfasis en la adaptación, efectividad y eficiencia del manejo de los asuntos gubernamentales. El Partido Comunista, que en la práctica lidera al bloque rupturista, reconoce abiertamente esa pugna. Así, en un documento reciente, señala que “al interior de la Nueva Mayoría hay una disputa ideológica-política de mayor calado por la direccionalidad del proceso. La disputa por la hegemonía de la dirección del proceso se ha agudizado al interior de la Nueva Mayoría”, recalca.

Por último, la caja de herramientas para el diseño, formulación, decisión y puesta en ejecución de las políticas públicas centrales parece haber estado mal dotada desde el comienzo, si uno se atiene a la mediocre elaboración técnico-jurídica de los proyectos y medidas gubernamentales  y al constante déficit de solidez de los mismos. La reforma tributaria enviada inicialmente al Congreso, y luego también su modificación y ajustes negociados y eventualmente aprobados, deben ser revisados ahora a fondo. Es un símbolo de la falla tecnoburocrática del gobierno y la débil apoyatura y asesoría recibida por parte de  los technopols próximos a la NM. Sobre todo, refleja la falta de un eficaz manejo de esa caja de herramientas; de conducción del proceso de formulación, diseño y adopción del cambio. La accidentada trayectoria de la iniciativa de gratuidad hasta culminar en la glosa objetada por el Tribunal Constitucional y luego en una deficiente ‘ley corta’, confirma la insuficiencia de la caja de herramientas con que trabaja la administración.

En tercer lugar, los hechos del 2015 permiten confirmar que la crisis de conducción gubernamental se halla acompañada –favorece a, y a la vez se retroalimenta con– la crisis que experimentan las élites nacionales: la élite política ante todo y, enseguida, la élite empresarial y la élite religiosa (de la iglesia católica), en medio de un ambiente de generalizada pérdida de reputación de las instituciones y el afloramiento de hechos de corrupción al interior de las FFAA y en el estamento directivo del fútbol.

La crisis de conducción que afecta a la gobernanza de la democracia y a sus mecanismos de dirección, orientación, representación, participación y deliberación, puso al descubierto –durante el año que concluye– que la esfera de las élites (en su conjunto) ha perdido legitimad, efectividad y prestigio. Se ha visto dislocada por la indebida penetración del dinero y los subsiguientes escándalos de los negocios en diferentes ámbitos. Ha perdido legitimidad transversalmente porque los principales grupos de poder aparecen envueltos en prácticas que no se condicen con las elevadas expectativas y responsabilidades de su posición en la sociedad. Han perdido en reputación y asentimiento, que son una parte esencial de su poder simbólico. Y, por ese solo concepto, hoy son más débiles y se ven impedidas de contribuir a resolver la crisis de conducción que experimenta el gobierno.

A su turno, esta falla del gobierno ha limitado durante los últimos 12 meses su capacidad de actuar sobre las crisis de las élites y ayudar a su renovación, rearticulación y recuperación de su papel en la sociedad. Incluso más: al comienzo del año 2015 hubo momentos en que personeros y voceros del gobierno parecieron plegarse al coro de denuncias, acusaciones, inculpaciones y activo desprestigio de las élites, sin percatarse de que de esa manera socavaban su propio sostén en el campo del poder simbólico. A fin de cuentas, a lo largo de la historia los grupos investidos de la autoridad del gobierno, cualquiera sea su fuente de legitimidad, han aparecido siempre ante la población –de ciudadanos o sujetos– como una élite,  indisolublemente asociada a las demás élites de la sociedad. La pérdida de prestigio de una afecta a las demás.

Por todo esto sostenemos que 2015 es el año que no fue. No fue el año de la consolidación de un nuevo ciclo histórico ni fue el año en que la crisis de conducción del gobierno diera señales de recuperación. No fue un año  de portentosos cambios, como se habían anunciado, pero tampoco de parálisis e inacción. Sin embargo no fue un año decisivo ni marcará los rumbos del futuro. No resolvió los conflictos dentro de la NM ni puso en marcha nuevas dinámicas de transformación. Las medidas que el gobierno sí logró aprobar o poner en marcha aún no producen efectos ni se conoce su impacto. En cualquier caso, carecen del potencial de remover las estructuras de la sociedad. ¿Traerán consigo mejoramientos y beneficioso de largo aliento? No se sabe.

En suma, el año que no fue.